Edu Cabellos (Santa Cruz de Tenerife) | La exigencia de una categoría mayor. La realidad del CD Tenerife esta temporada no es más que esta. El regreso al fútbol profesional supone un salto más de nivel y, en un encuentro igualado, en el que decantas la balanza por la calidad individual, esta se vuelve a equilibrar por el buen hacer de otra plantilla con talento y calidad. Algo que, probablemente, en Primera Federación no hubiera ocurrido.
Parecía que, después de un inicio de 6/6 y del buen encaje de las piezas incorporadas en el mercado, el conjunto de Álvaro Cervera mantendría ese ritmo. Pero no depende únicamente de lo que haga el Tenerife, sino también de lo que te impongan los rivales. Y ahora, esos rivales son de mayor categoría. Lo que el año pasado bastaba para ganar un partido, ahora puede no ser suficiente.
Ya la jornada anterior, el Sporting de Gijón, sin merecerlo demasiado, puso los pies en el suelo al representativo con la primera derrota del curso. Un partido que podría haber terminado con un reparto de puntos.
Hoy, ante un filial que, por cierto, está lleno de talento, el representativo volvió a vivir un partido igualado, con pocas ocasiones en la primera mitad. Sin embargo, en la segunda parte, el conjunto blanquiazul parecía tener dominado el encuentro gracias al golazo de Fabricio. Finalmente, la Real Sociedad B encontró el empate, mediante otro gran gol, y terminó ‘robando’ dos puntos al Tenerife.
Recuerdo unas palabras del presidente, Felipe Miñambres, cuando el Tenerife descendió de categoría: “Hay que ponerse la camiseta de Primera RFEF”; y yo creo que, en este curso, el Tenerife debe ponerse el mono de trabajo. Competir en cada partido. Porque esta categoría no entiende de nombres ni favoritismos: exige en cada enfrentamiento y ante cualquier rival.
Sin perder de vista el principal objetivo, sumar fuera de casa siempre es positivo. Es un punto más en la cuenta hacia los 50 y ahora tocará hacerlo bueno en el Heliodoro.
















