
Aleix Valero (Santa Cruz de Tenerife) | El Tenerife sigue en estado de oxidación. Pues al final, como siempre, tuvo razón Álvaro Cervera cuando avanzaba algún signo de oxidación del equipo. Aunque luego lo explicó bien y matizó en rueda de prensa, creo que pecó hasta de proteccionista con el equipo.
En primer lugar haciéndose partícipe de la derrota en casa contra Unionistas. Está claro que el técnico tiene responsabilidad, pero si los jugadores se llevan la gloria en las alegrías, son también los primeros y más culpables en la oscuridad. Advertidos ya en Céceres, con la excusa del terreno de juego impracticable y un punto que no supo mal tras seis victorias seguidas, llegó el tropiezo en el Heliodoro contra uno de los equipos de abajo que encendió la luz de alarma.
Pero ni los avisos de su entrenador han servido para espabilar a los suyos. Pues como ya dijo, lo mismo es hora de abrir la ventana y dejar pasar aire fresco. Como el que, en apenas un ratito, aportaron hoy Balde, Noel o el propio César Álvarez. Los de banquillo hicieron más en menos tiempo, que los titulares en tres partidos.
Se nos deshace el equipo que más que el traje de Primera RFEF, lo que debe hacer es ponerse el mono de trabajo. Queda claro que si pensamos que vamos sobrados, no saldremos de este pozo a las primeras de cambio ¿Dónde está el Tenerife de antes? ¿Era aquello un espejismo y esta la realidad? Quiero creer que no, que efectivamente es un bache, pero no soy muy optimista habida cuenta de las sensaciones, de que viene la Copa del Rey (no me fío ni del Alcalá con tantos camibios que habrá), y con la ‘minifinal’ contra el Racing de Ferrol en Galicia la semana que viene. Lo dicho, seguimos oxidándonos, y ya sabemos que cuando algo se oxida…















