Redacción Deporpress | Sofía Bulgarella (30/6/1993, Argentina) entiende el voleibol como mucho más que un deporte. Sobre la pista se define como una jugadora valiente, de las que siguen pidiendo el balón incluso cuando el marcador aprieta. Fuera de ella, busca algo igual de importante: sentirse bien, construir vínculos y encontrar un lugar en el que crecer tanto en lo deportivo como en lo personal. Con esa filosofía ha llegado este verano al Fedes Ascensores La Laguna para competir en la Liga Iberdrola.
“A mí me encanta el vóley y soy una persona que, si voy 24-25 perdiendo, voy a pedir el balón y voy a querer hacer puntos siempre. Me considero valiente en eso”, explica la central argentina. Pero su sello personal va más allá de la pista: “Me importa cómo están las personas e intento sumarles, ya sea dándoles un abrazo, preguntándoles cómo están o, simplemente, dejándoles tranquilos en el momento en que no hay que hablarles”.
Su historia con el voleibol comenzó casi por casualidad, cuando tenía once años y acudió a un campamento en Argentina. Unos entrenadores invitaron a los niños a probar una clase y Sofía fue con varias compañeras. “Probamos un mes y nos gustó. Y ahí me quedé”. La progresión fue rápida: con dieciséis años recibió la llamada de un equipo para competir en una liga nacional y, al terminar el bachillerato, se trasladó a Buenos Aires para dedicarse profesionalmente al deporte.
“Al principio dudé, aunque me encantaba. Ya entrenábamos mucho en el club de mi cantera y era un equipo al que le gustaba competir. Entonces me fui a Buenos Aires y, desde 2011, he seguido siendo profesional al cien por ciento”, recuerda. En ese recorrido, asegura que el mayor aprendizaje no se mide en títulos. “El voleibol me ha dado muchísimo aprendizaje. Creo que es con lo que uno se queda: los valores y las virtudes que se aprenden del deporte y, obviamente, las personas que conoces. Para mí, esas son las dos cosas más importantes”.
Entre esos valores, Bulgarella destaca uno por encima del resto: el compañerismo. “Te enseña a vivir con el otro. Creo que hoy en día la sociedad está muy individualista y el deporte colectivo te enseña que lo que uno hace afecta al otro”. Por eso, considera que el equipo no solo debe evitar perjudicar a sus integrantes, sino también ayudarse a crecer: “Podemos usar nuestras palabras y nuestras acciones para sumarle al otro. Eso es con lo que más me quedo siempre”.
Su carrera la ha llevado a vivir lejos de Argentina y a adaptarse a culturas distintas. La etapa en Israel, adonde llegó en 2023, coincidió con el estallido de la guerra y supuso una experiencia especialmente intensa. “Fue un choque cultural fuerte, pero también con mucha curiosidad. Tuve la mala suerte de que me tocó la guerra, pero fue una experiencia que me hizo crecer a nivel personal para preguntarme qué es lo que quiero”, señala. De ese proceso extrajo una conclusión que hoy guía sus decisiones: “Hay que poner límites y buscar un lugar donde uno se sienta bien, porque al final rindes más cuando te sientes bien”.
La distancia de su familia y sus amistades sigue pesando. “Cuando te vas, no perteneces ni allá ni acá. Es una sensación dura, difícil, que uno tiene que ir aceptando”, confiesa. Con el tiempo ha aprendido a construir una idea de hogar más personal: “Siento que hoy en día mi hogar soy yo. Adonde voy intento sentirme como si estuviera donde me toca estar”. España es un lugar en el que se encuentra a gusto y Tenerife reunía varios ingredientes que buscaba: tranquilidad, naturaleza y cercanía al mar. También influyó el proyecto deportivo y la presencia de Agostina Beltramino, una de sus grandes amigas. “Nuestra vida es muy rutinaria, muy pesada, tiene muchas cosas. Tener una amiga la verdad que sumó mucho a la hora de decidirme por venir acá”.
En clave deportiva, la central aurinegra es consciente del reto que afronta el Fedes Ascensores La Laguna en una Liga Iberdrola exigente. La victoria ante el CV Kiele Socuéllamos supuso un impulso para un grupo joven que todavía está construyendo automatismos y ganando experiencia. “Fue una victoria necesaria y reconfortante. Estamos trabajando mucho y es una liga difícil, dura. La pretemporada es corta y hay que hacer un equipo nuevo, acostumbrarse”, apunta.
Bulgarella subraya que el salto de categoría exige adaptación y un esfuerzo colectivo constante. “Tenemos un equipo muy joven y hay muchas cosas que vamos a ir aprendiendo. Hay muchas bases que estamos construyendo ahora”. Por eso, pide mantener la confianza en el proceso incluso cuando el trabajo no se refleje inmediatamente en los resultados: “A veces haces las cosas bien, afrontas otra semana y no alcanza para conseguir el resultado. Estamos muy felices y va a ser así, semana tras semana. Partido a partido, como dice el ‘Cholo’”.
Para competir ante rivales con más edad o experiencia, considera esencial mantener la disciplina táctica y jugar con determinación. “Cuanto más mantengamos esa parte táctica, más podemos hacerles frente a los rivales”. Y resume la actitud que quiere ver en el equipo con una expresión muy suya: “La palabra que a mí me gusta es no ir tibio. No hay que ser tibias”.
Esa atención al grupo conecta con otra de sus inquietudes: la psicología y la inteligencia emocional. Bulgarella se ha formado en integración social y en herramientas relacionadas con las relaciones humanas, y quiere trasladar esos conocimientos al deporte. “Mi idea es intentar llevar este proyecto al vóley, que tanto me dio, y devolverle una parte. Siento que se puede disfrutar mucho más del voleibol y vivirlo exigiéndose y dando el máximo desde una parte bastante más humana”.
Bulgarella considera que el cuidado de la salud mental ha ganado presencia, aunque todavía queda camino por recorrer. “Somos también seres humanos, no solo jugadoras de voleibol. Creo que todavía falta mucho y quiero aportar mi granito de arena al deporte de esa forma”. En su primera temporada como aurinegra, quiere aportar carácter y rendimiento en la pista, pero también contribuir a un entorno en el que las jugadoras puedan crecer y ayudarse mutuamente. Porque, para ella, el valor de un equipo no se mide únicamente por sus resultados, sino también por lo que sus integrantes son capaces de aportarse.














