
Edu Cabellos (Santa Cruz de Tenerife) | Había (muchas) ganas de Heliodoro. El CD Tenerife comienza con buen pie el reto de la Primera Federación. Y es que tras el triunfo cosechado en la jornada 1 ante el Guadalajara, el conjunto de Álvaro Cervera volvió a celebrar la victoria en su primer encuentro en el Heliodoro Rodríguez López de la temporada 25/26. Frente a uno de los grandes rivales del Grupo 1, que luchó durante los primeros 45 minutos de igual a igual, el choque cayó del lado blanquiazul.
El Rodríguez López se vistió de gala para recibir la primera temporada en la tercera categoría del fútbol español. Con una reforma -tan necesaria como esperada- el templo blanquiazul lucía una nueva cara. Pero no fue solo cuestión de las recién instaladas butacas, los más de 14.201 espectadores convirtieron el estreno en casa en una cita verdaderamente especial.
Jesús de Miguel, el goleador de la noche, respondió a todo ese cariño con un auténtico golazo que estrenó la red de la portería de Herradura. Un disparo seco, lejano y preciso que abrió el marcador y desató, aún más, la euforia de la afición. Desde entonces, el partido se equilibró y el Mérida, tirando de coraje, generó varias ocasiones que exigieron a la zaga blanquiazul.
El ‘9’ blanquiazul repitió la fórmula en la segunda mitad, levantando de nuevo a los suyos de los asientos para celebrar el 2-0. Aunque no iba a ser el último momento de euforia. Enric Gallego se sumó a la fiesta blanquiazul con un tanto marca de la casa: un remate de cabeza al más puro estilo de delantero centro rematador, poniendo el broche perfecto al triunfo del equipo.
Como advirtió en su día el presidente de la entidad blanquiazul, Felipe Miñambres, el CD Tenerife debía ajustarse a su nueva realidad y ponerse la camiseta de Primera RFEF. Y el representativo lo está haciendo: peleando cada balón, luchando cada partido. Los que no lo están haciendo tanto son los aficionados, que con más de 13.000 abonados confirmados para este curso, el ambiente sigue siendo de fútbol profesional. Porque sí, la espera fue larga, pero las ganas de Heliodoro eran aún mayores.















