
Redacción Deporpress | Un examen para Las Palmas con la fragancia de días inolvidables. La del Molinón es una de las pruebas más exigentes del calendario de la UD Las Palmas en su intento de volver a la Primera División. De momento, ese objetivo lo tiene que comentar su plantilla en voz baja, pero no cabe duda de que su andar en el campeonato anima a pensar que la meta es posible.
Y pasa por demostrar ante los casi 24.000 habituales que acuden al estadio del Sporting de Gijón y ante un siempre excelente adversario las cualidades que han instalado a los amarillos en la zona alta de la clasificación: Continuidad en el estilo, muro defensivo a través de la posesión, exigencia en las dos facetas del balón parado y un contragolpe que es pesadilla ya para los entrenadores adversarios. En este último apartado se confirma esta temporada que a la UD le va mejor la velocidad vertical que la abundancia de pases internos. Al menos, de momento.
Tras lo ocurrido en la Copa del Rey frente al Extremadura (una decepción con amortiguadores en realidad) García Fernández puede volver a disponer de su once más reciente en la Liga con los matices tácticos que cada partido requiere. El técnico anunció el regreso de Mika Mármol, aunque no tendría motivos por ahora para variar el cuarteto de escoltas defensivos que se ubican frente a Dinko Horkas.
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