
Redacción Deporpress | El eterno capitán. Hay futbolistas que dejan huella por sus títulos. Otros, por sus cifras. Y unos pocos trascienden por representar la identidad de un club. Aitor Sanz pertenece a este último grupo. Su retirada pone punto y final a una de las trayectorias más longevas, respetadas y ejemplares que se recuerdan en la historia reciente del CD Tenerife. Trece temporadas después de su llegada a la Isla, el capitán dice adiós al fútbol profesional convertido en una auténtica leyenda blanquiazul.
Cuando aterrizó en Tenerife en el verano de 2013, procedente del Real Oviedo, pocos podían imaginar que aquel centrocampista madrileño acabaría convirtiéndose en uno de los mayores símbolos de la entidad. Venía con la vitola de capitán en el conjunto asturiano y con una reputación basada en el trabajo y la disciplina. En el Heliodoro encontró el escenario perfecto para construir el legado de toda una carrera.
Desde el primer día se ganó el respeto del vestuario y de la afición. Su fútbol siempre estuvo sustentado en el equilibrio, el sacrificio, la inteligencia táctica y una competitividad innegociable. Era el futbolista que sostenía al equipo cuando las cosas se complicaban y el primero en asumir responsabilidades cuando llegaban las derrotas.
Un referente dentro y fuera del campo
Con el paso de las temporadas, Aitor Sanz dejó de ser únicamente un mediocentro para convertirse en el líder natural del Tenerife. El brazalete de capitán fue una consecuencia lógica de una personalidad que nunca necesitó de grandes discursos para hacerse escuchar.
Su figura trascendió el terreno de juego. Compañeros, entrenadores, directivos y aficionados encontraron en él un ejemplo constante de profesionalidad. Su forma de entender el fútbol, basada en el esfuerzo diario y la humildad, terminó identificándose con los valores históricos del club.
Más de cuatrocientas batallas con la camiseta blanquiazul
La magnitud de su legado también queda reflejada en los números. Aitor Sanz se despide con 408 partidos oficiales, convirtiéndose en el segundo futbolista con más encuentros disputados en la historia del CD Tenerife, únicamente por detrás del histórico Alberto Molina. Además, cerró su etapa como blanquiazul con 13 goles y una presencia constante durante más de una década.
Pero sus estadísticas nunca explicarán por sí solas la importancia que tuvo. Cada temporada fue acumulando minutos, liderazgo y protagonismo hasta convertirse en el rostro del Tenerife durante más de una década.
Superar la adversidad
Su historia tampoco estuvo exenta de momentos muy duros. La grave lesión del tendón de Aquiles sufrida en 2018 le obligó a permanecer muchos meses alejado de los terrenos de juego, en el momento más delicado de su carrera.
Muchos pensaron entonces que sería difícil volver a ver al mejor Aitor. Sin embargo, regresó con la misma determinación que siempre le había caracterizado. Aquella recuperación terminó reforzando todavía más la admiración que despertaba entre el tinerfeñismo.
El ascenso que devolvió la ilusión
Aitor también fue protagonista de algunas de las páginas más importantes del Tenerife moderno. Vivió las dolorosas eliminatorias por el ascenso a Primera División de 2017 y 2022, dos oportunidades que estuvieron muy cerca de culminar el gran sueño de toda una generación de aficionados.
El golpe más duro llegó con el descenso a Primera RFEF. Sin embargo, lejos de abandonar el barco, volvió a asumir el papel de guía del vestuario. Capitaneó al equipo durante una temporada histórica que culminó con el regreso inmediato al fútbol profesional, una imagen que muchos consideran el mejor resumen de su carrera: liderar al Tenerife en los momentos más difíciles.
Un adiós con la espina de Primera
En su despedida reconoció que le habría gustado culminar su trayectoria con el ascenso a la máxima categoría. Es, probablemente, la única asignatura pendiente de una carrera ejemplar. Aun así, pocos jugadores pueden presumir de haber generado un consenso tan amplio alrededor de su figura.
Durante años fue el espejo donde se miraron los jóvenes del vestuario y el futbolista al que siempre acudía la afición cuando el equipo necesitaba estabilidad. Nunca buscó protagonismo; lo encontró de manera natural.
Un legado que va más allá del césped
El anuncio de su retirada no supone una despedida definitiva del club. Aitor Sanz iniciará una nueva etapa integrado en el cuerpo técnico de Álvaro Cervera, prolongando así un vínculo que ya forma parte de la historia del CD Tenerife.
Su influencia seguirá presente en el vestuario, ahora desde otra responsabilidad. Porque hay futbolistas que pasan por un club y otros que terminan convirtiéndose en parte de su patrimonio emocional.
El Tenerife pierde a su capitán sobre el césped, pero conserva a uno de los grandes referentes de su historia reciente. Tras 13 temporadas, más de 400 partidos y una vida dedicada al escudo, Aitor Sanz deja el fútbol profesional como llegó hace trece años: con discreción, honestidad y el respeto unánime de todo el tinerfeñismo.