
Redacción Deporpress | El Tenerife firmó una temporada infame. Siete meses de pelea que no evitaron el descenso. El CD Tenerife cerró la temporada 2024/25 en Segunda División sin lograr el objetivo de la permanencia, tras siete meses marcados por la irregularidad, las oportunidades perdidas y una reacción insuficiente en el tramo decisivo del campeonato.
Llegó Álvaro Cervera a la isla para asumir el mando del equipo tras un 2024 cerrado por Óscar Cano primero, y Pepe Mel después. El técnico que lograra hace más de una década devolver al Tenerife al fútbol profesional, tomaba le control para evitar el hundimiento, cosa que acarició, pero que no logró.
El debut de Cervera fue malo (0-3 contra el Levante), aunque pronto el equipo subiría prestaciones, llegando incluso a hilvanar ocho partidos seguidos sin conocer la derrota, pero con muchos empates que no ayudaban a remontar el vuelo de verdad.
Desde el inicio del año, el conjunto blanquiazul se vio inmerso en una carrera contrarreloj. Los empates que se sucedieron en el Heliodoro Rodríguez López y la falta de victorias contundentes comenzaron a encender las alarmas ya en el mes de enero, cuando el equipo sumaba puntos, pero no los necesarios para salir de la zona comprometida de la clasificación.
Durante febrero y marzo, el Tenerife mostró una imagen competitiva en varios encuentros. El cuerpo técnico insistía en que la salvación era posible y el equipo transmitía una sensación de mayor solidez, aunque los resultados seguían sin acompañar de manera constante. Cada jornada que pasaba, la permanencia exigía un esfuerzo mayor.
El punto crítico llegó en abril. Tras la disputa de la jornada 34 con victoria 1-3 en Gijón, el Tenerife acumulaba 31 puntos y la distancia con los puestos de salvación era de nueve puntos, una brecha que empezaba a parecer demasiado grande. Los cinco empates consecutivos entonces, no ‘sacaron de pobres’ a los insulares.
En mayo, la frustración se hizo evidente con encuentros en los que el Tenerife compitió, pero volvió a marcharse castigado por el marcador, dejando la sensación de que el esfuerzo no encontraba recompensa. La presión aumentó tanto dentro como fuera del vestuario, hasta el punto de que la plantilla tuvo que pedir perdón públicamente a la afición tras un nuevo revés, cerrando el curso con tres derrotas consecutivas, cuando ya no había nada que hacer.
La temporada quedó marcada por una constante: cuando el Tenerife dejó de perder, ya era tarde; cuando mostró carácter y solidez, la distancia acumulada pesó demasiado. Así, el balance final de estos siete meses refleja la historia de un equipo que lo intentó, que peleó hasta el final, pero que pagó caro sus errores anteriores, la escasez de victorias en momentos clave y la incapacidad para transformar buenas sensaciones en puntos decisivos.
El desenlace fue el descenso a Primera RFEF, un duro golpe que puso fin a una larga etapa en el fútbol profesional y abrió un nuevo y exigente capítulo para el club y su afición.














