
Paula Álvarez (Santa Cruz de Tenerife) | El fútbol tiene estas ironías. El día que Álvaro Cervera igualó a José Luis Oltra con 160 partidos al frente del CD Tenerife, el equipo cayó por la mínima ante el Racing de Ferrol en el Estadio Heliodoro Rodríguez López. Una efeméride que no encontró correspondencia en el resultado.
Aun así, si hay algo que no se le puede reprochar a los blanquiazules fue la intención. Hubo empuje, hubo dominio durante muchos minutos y hubo esa insistencia reconocible del equipo de Cervera, ese querer sin perder el orden. Faltó precisión en el último tercio y quizá algo de claridad en los metros finales, pero no faltó carácter.
El Racing golpeó en su momento y defendió con oficio. El Tenerife empujó con centros laterales, apretó tras pérdida y buscó el empate con paciencia. No fue un partido brillante, pero sí serio. De esos encuentros en los que la moneda cae cruz y no cara.
La derrota no empaña lo que significa la cifra. Cervera no llegó a 160 partidos por casualidad. Llegó porque su equipo tiene identidad. Porque ha sabido reconstruir desde la sobriedad. Porque el Heliodoro volvió a reconocerse en un bloque competitivo. Igualar a Oltra no es solo un dato estadístico; es entrar en la historia reciente del club por peso y continuidad.
El resultado duele, porque siempre duele perder en casa, pero no deja grietas estructurales. El equipo está vivo y mantiene esa sensación de bloque fiable que tan difícil es construir.
A veces la historia se escribe en tardes felices. Otras, en tardes que exigen resistencia. La de hoy fue lo segundo. Y quizá eso, precisamente, también hable del entrenador que ya es parte de la historia blanquiazul.















