
Editorial | «Podemos estar tranquilos: Pipo nos echa una mano». Pocas frases como esta pueden definir a la perfección la calidad humana y profesional de una persona. Y no se nos ocurre otra para honrar la memoria de quien nos ha dejado repentinamente en las últimas horas.
Pipo, un hombre bueno, trabajador y dispuesto siempre a ayudar en lo que hiciera falta el tiempo que fuese necesario. Un hombre honrado que disfrutaba cada día de su trabajo, en el pabellón Juan Ríos Tejera de La Laguna, recinto que cuidaba con mimo como si de su propia casa se tratara.
Al fin y al cabo ese recinto siempre fue especial para él. Allí se enamoró del baloncesto. Fue allí donde se emocionó con las más grandes hazañas del Club Baloncesto Canarias. Fue allí donde metió en vena a su familia la pasión por ese deporte y lo que suponía salir ronco cada viernes por la noche. Ronco de felicidad. De gritar «¡Canarias!» hasta la extenuación. Su gran amor. Solo había que verle la sonrisa cada vez que pisaba el parqué de San Benito. Una relación eterna que se extendía ahora en el Santiago Martín donde no fallaba nunca. Como tampoco falló en estos últimos diez años de Champions League donde tantos éxitos compartió con su familia aurinegra.
Pipo será siempre un símbolo, un icono. Un sentimiento de pertenencia y pasión, de alegrías y tristezas en las derrotas. Pero siempre presente, con lluvia o sol. Amor que además paseaba con orgullo al ver que su sangre, desde hace años, estaba presente en el staff profesional del equipo.
Este medio no puede sino estar agradecido por la ayuda que siempre nos prestó en la organización de todo tipo de eventos. Le daba igual los horarios: él siempre quiso estar presente, colaborando en todo lo que fuera necesario y sonriendo al final de cada «misa» como decimos en el argot cuando, tras días agotadores, se quedaba con nosotros satisfecho porque el trabajo había sido sobresaliente. Lo que poca gente llegaba a saber es que su participación activa era mucho más importante que nuestro propio trabajo.
Pipo se ha ido pronto y a Deporpress nos deja huérfanos. Pero sirvan estas palabras en nombre de todos los que conforman esta empresa para darle las gracias por estar siempre a nuestro lado y para reconocer públicamente que hace más falta más gente buena y noble como él en este mundo.