
Aleix Valero (Santa Cruz de Tenerife) | Nos toman por idiotas. Es absolutamente increíble como, una vez, se han cargado un partido del CD Tenerife. Ya venimos muy calientes de los últimos arbitrajes pero lo de este domingo ha sido ya reírse en la cara de un club centenario, un escudo histórico que se ha paseado por Europa, una ciudad, una isla que no merece que les roben y apaleen semana tras semana.
Málaga, Santander, La Coruña, y en casa Burgos y hoy Éibar, y seguro que me dejo algún partido en el tintero. «Si nos anulan este gol, no sé qué fue lo de Diarra en Riazor», decía hoy después del partido un Álvaro Cervera que dijo lo suficiente, pero no todo lo que quería decir. Y eso solo en relación al gol anulado a Maikel Mesa, porque en la jugada del gol del Éibar hay un más que posible penalti previo a Bodiger. Cosas.
Además, el míster, recordando la rueda de prensa previa a la final de la Copa del Rey de los colegiados en los que decían llorar en ocasiones por la presión recibida, mandó un buen recado a los verdugos ¡Perdón, jueces! del fútbol: «Yo también tengo hijos. Cuando me echan de un equipo, ellos también lloran. Pero elegí esta profesión. No solo lloran los de unos, sino también los de otros».
Ya lo dije la semana pasada y es claro y notorio. Cervera es el primer y mejor fichaje que ha hecho y hará el Tenerife para la próxima temporada, para empezar a preparar el regreso al fútbol profesional. Pero está solo, muy solo, y se echa en falta más allá de comunicados, una comparecencia pública, o unas declaraciones en vídeo contundentes del presidente José Daniel Díaz, si es que pinta algo. Llorar no funciona, pero como reza el dicho: «El que no llora…»















